LVEUM

Emoción sin adornos

La guerra que tienes dentro (y por qué nadie está ganando)

Vives en una pelea constante.

Y lo peor es que ni siquiera tienes claro quiénes son los que se están pegando.

Pero están ahí. Todos los días. Desde que suena el despertador hasta que te quedas mirando el techo antes de dormir.

El sargento

Hay una parte de ti que es un sargento de hierro.

Es la voz que te despierta con la lista de tareas ya preparada.

La que te dice que deberías ser más productivo.

La que te recuerda que estás perdiendo el tiempo.

La que saca tus fracasos del archivo con precisión quirúrgica.

La que empieza frases con:

  • “Tengo que…”
  • “Debería…”
  • “No puedo permitirme…”

Es la parte que compra libros, descarga manuales, organiza rutinas imposibles y hace planes épicos para el lunes que viene.

Se cree que tiene el control.

Y está convencida de que si te aprieta lo suficiente, cambiarás.

El rebelde

Y luego está la otra parte.

La que se hunde en el sofá mientras el sargento grita.

La que siente que no puede más.

La que dice “mañana”.

La que se distrae justo cuando ibas a hacer algo importante.

La que sabotea en silencio.

No grita.

Pero pesa de cojones.

Cuanto más empuja el sargento, más se resiste ella.

Cuanto más te obligas, más te bloqueas.

Es una guerra de guerrillas.

Y el único territorio que se destruye es tu propia vida.

El error que te tiene atrapado

Te pasas el día intentando que estas dos partes se pongan de acuerdo.

Buscas técnicas que motiven al rebelde.

Métodos que calmen al dictador.

Productividad consciente.

Disciplina amable.

Autoexigencia con azúcar.

Pero mientras sigas alimentando la pelea, seguirás bloqueado.

Porque el problema no es que una parte gane.

El problema es que estás metido en la guerra como soldado raso.

No estás mirando.

Estás reaccionando.

Y reaccionar te deja agotado.

Lo que realmente está pasando

Tu sargento quiere seguridad.

Tu rebelde quiere descanso.

Uno empuja por miedo.

El otro frena por saturación.

Ninguno es el enemigo.

El enemigo es que tú estés identificado con uno u otro sin darte cuenta.

Un día eres disciplina extrema.

Al siguiente, abandono total.

Y así pasan semanas.

Meses.

Años.

Si esperas que se reconcilien…

Si sigues esperando a que tus partes internas se den la mano y caminen juntas hacia el horizonte…

Puedes esperar sentado hasta jubilarte.

Eso no va a pasar.

Siempre habrá tensión.

Siempre habrá tirones.

Lo que sí puede pasar es que aprendas a moverte con la guerra a cuestas sin que te paralice.

Hoy decide

Tu sargento odia este mensaje.

Tu rebelde quiere cerrar esta pestaña y ponerse una serie.

Y tú estás en medio.

La pregunta es simple:

¿A quién vas a escuchar hoy?

No mañana.

No cuando estés mejor.

Hoy.

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