Hablemos de mamá (no de tu madre)
No es lo mismo mamá que madre.
Puede sonar parecido, pero en lo emocional, en lo profundo, hay un abismo.
Una te dio la vida. La otra te enseñó cómo se vive.
Y eso, aunque parezca sutil, marca casi todo lo que haces, sientes y piensas hoy.
Mamá te enseñó sin querer
No te sentó en una mesa a darte lecciones de vida. No hizo un PowerPoint con normas sobre cómo sentir o actuar.
Pero tú estabas ahí.
Cuando llegabas del cole y veías si había calma o tensión.
Cuando llorabas y descubrías si eso era algo que se podía mostrar o había que tragárselo.
Cuando tenías miedo y aprendiste si se podía hablar… o había que esconderlo.
Cuando alguien se hacía daño en la calle y veías si mamá se acercaba o se hacía la loca.
No te explicó nada. Pero te lo enseñó todo.
Porque la enseñanza más potente no es la que se dice. Es la que se vive.
Mamá te enseñó si se podía…
- Mostrar ternura o hacerte el duro.
- Disfrutar del desorden o esconder el caos bajo la alfombra.
- Decir lo que sentías o convertirte en experto en reprimir.
- Preguntar o no molestar.
- Abrazar o mantener las distancias.
- Reírse contigo o de ti.
Y tú lo aprendiste. A tu manera.
Lo absorbiste sin filtro, porque eras pequeño, y mamá era el mundo.
Y luego creciste
Y entonces, sin darte cuenta, empezaste a repetir lo aprendido… o a rechazarlo.
Si eres hombre
Puede que ahora estés con una mujer…
…que se parece muchísimo a mamá.
…que no se parece en nada.
Ambas cosas son posibles. Y ambas tienen sentido.
A veces buscamos lo conocido. A veces huimos de ello.
Si eres mujer
Quizá ahora te pareces mucho a ella.
O quizá todo lo contrario.
Quizá cuando te ves en el espejo…
…te reconoces en sus gestos.
…o te sorprendes luchando por ser lo opuesto.
No hay una forma correcta.
Solo una certeza: mamá dejó una huella.
Clon o antítesis, pero nunca neutro
Mamá no pasa sin dejar marca.
O la repites, o la rechazas.
Y si no haces nada con eso, entonces simplemente vives en automático, como si aún tuvieras 5 años.
Hoy puedes elegir
Porque ahora ya no estás en su casa. Estás en la tuya.
Y sobre todo: ahora tienes tu propio email.
Es decir, eres mayor.
Y ser mayor no va de pagar facturas o tener hijos.
Va de decidir qué herencias emocionales te quedas… y cuáles devuelves.
Puedes quedarte con…
- Su forma de cuidar.
- Su manera de resolver.
- Su cariño.
- Su fuerza.
Y puedes soltar…
- Su miedo constante.
- Su exigencia desmedida.
- Su falta de contacto.
- Su silencio como respuesta a todo.
No hace falta honrarlo todo
Se nos ha dicho mucho eso de “honrar a padre y madre”.
Y sí, claro. Honra lo que tenga sentido para ti.
Pero no confundas honrar con obedecer.
No confundas agradecer con repetir.
Puedes agradecer todo lo que te dio mamá…
…y a la vez no seguir sus pasos.
Hoy, puedes decidir
Tú querías ser mayor cuando eras niño.
Pues ahora que lo eres… actúa como tal.
No repitas sin pensar.
No rechaces sin revisar.
Elige.
Quédate con lo que nutre.
Suelta lo que duele.
Y si todavía no sabes qué es cada cosa, está bien.
Empezar a mirar ya es un paso.
FAQ
¿Y si mamá lo hizo lo mejor que pudo?
Seguramente sí. Y eso no invalida que algunas cosas no te sirvan hoy. No se trata de juzgar, se trata de discernir.
¿Y si me siento culpable por soltar cosas suyas?
La culpa es parte del proceso. No la evites, obsérvala. Pero no te dejes gobernar por ella.
¿Y si no sé qué quedarme o qué soltar?
Empieza por observar. Cada vez que reacciones como ella, pregúntate: ¿esto me sirve ahora?
¿Esto también vale si mamá fue ausente, fría o dañina?
Más todavía. Porque ese vacío también deja formas de actuar que puedes revisar y transformar.
Todo lo bueno pasa en mi lista de emails, envío uno cada día, apúntate aquí: