Fritz Perls no quería arreglarte: quería despertarte (y eso duele)
Fritz Perls era un elemento.
No era de esos terapeutas de mirada dulce, sonrisa perenne y frases tipo: “todo va a estar bien”. Ni de los que te ofrecen incienso y una mantita para que te sientas cómodo mientras hablas de tu infancia.
Era otra cosa.
Incómodo.
Directo.
Incisivo.
Despierto.
Humanísimo.
Y muy, muy jodido si intentabas escapar.
“No sé” no valía como respuesta
Perls tenía un talento: olía tus excusas antes de que tú mismo supieras que las estabas soltando.
Podías estar contándole un drama familiar con todo el dramatismo posible, y él te interrumpía:
—“Eso que acabas de hacer con los ojos… ¿lo has notado?”
Tú: ¿Perdón?
Y sí, habías mirado hacia abajo.
Y sí, habías apretado los dientes.
Y sí, estabas intentando no sentir.
Perls no se tragaba la historia.
Iba a por el gesto. A por la reacción del cuerpo. A por ese temblor mínimo que mostraba lo que en realidad te estaba pasando y no te atrevías ni a nombrar.
No le interesaba tu narrativa. Le interesaba tu presencia.
Y por eso a veces era insoportable.
Porque no te dejaba esconderte detrás de lo aprendido.
Ni de la educación, ni de tus traumas épicos, ni del “yo soy así”.
Si llorabas, te hacía sentir la lágrima hasta el final.
Si estabas rabioso, te hacía sacar la rabia (sí, esa que reprimes para no parecer mala persona).
Y si estabas congelado, te traía de vuelta a tu cuerpo.
Con un gesto.
Con una mirada.
Con una pregunta.
Brutal, sí.
Pero también necesario.
¿Por qué?
Porque tú también sabes que te escapas.
Tú también sabes que te montas películas en la cabeza para no sentir lo que hay.
Tú también sabes que vives muchas veces desde el “debería” y no desde el “siento”.
Y no es que seas tonto. Es que eso lo hacemos todos.
Pero eso también tiene un precio: vivir medio anestesiado.
La fórmula de Perls para joderte (para bien)
Él lo tenía claro.
Problema = Lo que sientes – Lo que haces para no sentir.
Ahí está.
Ahí está el origen de tus nudos.
No es lo que sientes.
Es lo que haces para evitar sentirlo.
Comer sin hambre.
Hablar sin parar.
Justificarte.
Culpar a otros.
Disociarte.
Reírte nerviosamente.
Irte a Instagram cuando te empieza a picar algo por dentro.
Todo eso te lo pillaba Perls en 5 minutos. Y no te lo dejaba pasar.
No porque fuera un borde. Sino porque sabía que si no pasabas por ahí, no ibas a cambiar nada.
No te quería arreglar. Te quería presente.
Y eso es muy diferente.
Hay una psicología que quiere arreglarte, explicarte, ponerte un nombre bonito a lo que te pasa y darte una frase tipo “mereces todo lo bueno que la vida tiene para ti”.
Y luego está esto.
Esto que te confronta.
Esto que no te da pastillita.
Esto que te dice: “Deja de escaparte. Vuelve. Estás aquí. Está pasando esto. ¿Qué vas a hacer?”
Porque si lo vives, cambia.
Porque si lo sientes, se recoloca.
Porque si lo miras, se transforma.
No se trata de entender. Se trata de estar.
¿Y sabes qué?
Eso es difícil de cojones.
Porque tú, como todo el mundo, has aprendido a hablar de lo que te pasa… pero sin pasar por dentro.
Y Perls no compraba eso.
No quería palabras bonitas.
Ni discursos elaborados.
Ni teorías del trauma.
Quería verdad.
Aunque fuera cutre.
Aunque fuera incómoda.
Aunque no sonara bien.
Y cuando llegabas ahí… boom.
Cambio.
Real.
Silencioso.
Sin fireworks ni gurús.
Cambio que nace del contacto.
Contigo.
Con tu cuerpo.
Con la emoción.
Con lo que no quieres ver pero está ahí.
Y eso, aunque joda, cura.
FAQ: ¿Y si quiero aplicar esto en mi vida?
¿Hace falta hacer terapia Gestalt?
No. Pero sí hace falta dejar de mentirte. Aunque sea un poco. Aunque sea al final del día. Aunque sea con una libreta.
¿Cómo empiezo a vivir así?
Empieza por observarte. No a entenderte. Observar. Cuando dices “no sé”, ¿qué haces con las manos? Cuando dices “estoy bien”, ¿dónde aprietas? Todo eso ya habla de ti.
¿Y si me da miedo lo que voy a ver?
Pues claro. Bienvenido. Lo que duele no es lo que ves, es lo que llevas años tapando.
¿Esto sirve para todo el mundo?
No. Sólo para los que están dispuestos a dejar de escaparse.
En resumen
Perls no era cómodo.
Tampoco lo que proponía.
Pero sí era honesto.
Y eso es lo que más falta hace en este mundo lleno de filtros, frases cuquis y psicología de eslógan.
Perls no te decía “todo irá bien”.
Te decía: “siente lo que hay. Lo demás es cuento”.
Y por eso, aunque no lo conocieras, este post también va de ti.
De ti, y de esa parte que ya sabe lo que le pasa… pero no siempre se atreve a mirarlo de frente.
Todo lo bueno pasa en mi lista de emails, envío uno cada día, apúntate aquí: