¿De verdad es por su bien?
O solo para calmar lo tuyo
"Te lo digo porque te quiero."
"Es por tu bien."
"Si no me importaras, no te diría nada."
Frases que has escuchado.
Frases que probablemente tú también has dicho.
Y aunque pueden sonar a amor, muchas veces lo que esconden es otra cosa.
No es amor. Es incomodidad.
No es ayuda. Es necesidad de control.
Lo que parece amor, y no lo es
Amar no es decirle al otro cómo tiene que vivir su vida.
Amar no es salvarle de su propio camino.
Cuando dices “es por tu bien”, ¿realmente estás pensando en el otro?
¿O estás intentando aliviar tu miedo, tu angustia, tu deseo de que todo salga como tú esperas?
El problema es que no se nota
No se nota cuando lo haces por costumbre.
Cuando crees que sabes lo que el otro necesita.
Cuando estás convencido de que, si no dices nada, el otro se estrellará.
Pero ahí está el truco: el amor maduro no evita caídas, las acompaña.
¿Qué hay detrás del “es por tu bien”?
- Miedo: A que el otro sufra, a que se equivoque, a que no te escuche.
- Inseguridad: Si no hago nada, ¿significa que no me importa?
- Ego: Yo sé más. Yo tengo razón. Yo he vivido más.
- Angustia: No poder soportar la incertidumbre del camino del otro.
Ejemplos cotidianos
- Tu hija quiere estudiar arte y tú le dices que mejor algo con salida. “Es por su bien.”
- Tu amigo sigue con su pareja tóxica y tú le dices que lo deje ya. “Es porque le quieres.”
- Tu pareja llora y tú sueltas un: “No llores, todo va a ir bien.” “Es por ayudar.”
Pero nada de eso es presencia.
Nada de eso es verdadera compañía.
Eso es no soportar lo que hay.
El salto de calidad: sostener sin intervenir
Sostener es estar sin necesidad de cambiar al otro.
Es decir: “Estoy contigo, incluso si haces lo contrario a lo que yo haría.”
Y esto cuesta.
Cuesta mucho.
Pero es una forma de amor mucho más profunda que corregir.
¿Cómo sostener sin invadir?
- Respira antes de hablar.
El silencio incómodo también puede ser un acto de amor. - Revisa tus intenciones.
¿Esto lo digo por él o por mí? - Haz preguntas, no afirmaciones.
“¿Quieres que te diga lo que pienso?”
“¿Te apetece que te acompañe en esto?” - Acepta que no tienes el control.
Y tampoco lo necesitas.
A veces, también lo haces contigo
- “Tengo que dejar de sentir esto.”
- “Esto no debería afectarme tanto.”
- “Tendría que estar bien ya.”
También te lo dices a ti.
También te fuerzas, te corriges, te aprietas.
También tú necesitas aprender a sostener sin invadirte.
Una imagen que puede ayudarte
Imagina que el otro es un río.
Si te metes con una pala a corregir su cauce, probablemente lo enturbies.
Pero si te sientas a su orilla, a escuchar cómo fluye, quizás descubras que sabe muy bien hacia dónde va.
Y eso —estar en la orilla, sin meterte, sin dirigir— también es amor.
FAQ – Preguntas que suelen surgir
¿Entonces no debo dar mi opinión nunca?
Claro que sí, pero pide permiso.
Ofrece tu opinión como un regalo, no como una orden:
“¿Te sirve si te digo lo que pienso?”
“¿Quieres que te acompañe o solo que te escuche?”
¿Y si el otro se equivoca?
Es su derecho.
Y tu tarea no es evitar su error, sino estar ahí si se cae.
¿Y si lo está pasando mal?
Presencia antes que consejo.
A veces un abrazo, un “te veo”, o un “aquí estoy” vale más que mil frases disfrazadas de ayuda.
¿Y si no puedo soportarlo?
Entonces mira dentro.
Ahí hay algo tuyo por trabajar.
Porque no todo lo del otro es tuyo que resolver.
En resumen
“Es por tu bien” puede sonar bonito.
Pero el amor real no necesita justificar su presencia.
El amor real no impone, no invade, no ordena.
El amor real sostiene, respeta, acompaña.
Y eso, aunque parezca poco, es muchísimo.
Todo lo bueno pasa en mi lista de emails, envío uno cada día, apúntate aquí: